Para todos aquellos hartos de novelitas crepusculares

lunes, 28 de enero de 2013

Náufrago (II)

Día … … del mes … … del año 2013.

Página 2 del diario de a bordo de Álvaro Jarabo Fernández, capitán al mando del navío con nombre “Soberbia”.


Creo que por una miserable vez en mi vida pensé dos veces antes de actuar, y cuando cría que ya había apretado el gatillo, empecé a añorar todo aquello tan insignificante como para merecer más mi vida que mi muerte.
Mis sentidos estaban confundidos, pero no eras más que un recuerdo, un espejismo entre la espuma del mar. Me hiciste sentir libre, luego preso y ahora simplemente eres una cicatriz más ardiendo en mi interior, ceniza mojada que no vale nada.
Cogí fuerzas, más de las que muchas veces había sentido, quería vivir, quería volver y sentía que podía hacerlo.
El ver gaviotas sobrevolar mi cabeza me daba esperanza, y me sostenía una fe inquietante.
Me propuse pues nadar, buscar materiales y volver a la civilización, aunque fuera solo, porque quería volver a pisar tierra firme y darle sentido a mi vida.
Y no negaré mi curiosidad por saber la cara que tendrán todos aquellos que me quisieron ver muerto y fallaron en su propósito.
Estaba perdido en un mar, pero tan sólo metafóricamente, esto solo era un bache más en mi camino, todavía podía retomar mis pasos sobre él, nunca mi tiempo fue en vano.
Desde luego había otras muchas cosas que dolían más que estar aquí perdido y enjaulado entre muros invisibles, siendo el mar mi amo y yo un crudo esclavo, pero no más esclavo que tuyo en mi mente.
Las pesadillas que provocabas apenas enturbian mis noches por fin aprendí a absorber mi rabia y mi ira, metabolizándola en esperanza.
Mi honor seguía intacto y mis principios perennes, así que no sería yo el primero en morir en esta cala, en este asqueroso y húmedo pedazo de tierra.


Pasaron semanas, y con restos del navío flotantes, pedazos de árbol y lo que quedaba de mi baúl conseguí al menos una estructura capaz de aguantar mi peso en el mar.
Empezaba a tener miedo por lo que pudiera pasar, pero es evidente que iba a estar peor observando mi propia muerte en una roca rodeada de agua.
Mañana partiría, a donde me llevase la corriente, fuese el mar que fuese juraría a cualquier que estaba seguro que iba a volver de nuevo a tierra.

De nuevo caía el sol, pensaba mis últimos versos en ese islote y ya estaba deseando que amaneciera por mucho miedo que tuviese, porque a pesar de todo estaba alerta.

Volvía a renacer, cómo ya hice en mi pasado cuando te deje marchar, cómo cuando desafié a la muerte, cómo cuando tuve que despedir a mi familia. Regresaba a casa, y estaba listo para cualquier cosa después de todo lo que había conseguido superar.

Este náufrago ya es inmortal…

FIN

Born Again.

No hay comentarios:

Publicar un comentario