Para todos aquellos hartos de novelitas crepusculares

sábado, 7 de diciembre de 2013

El amor.

Creces, conoces una chica, tu vida cambia por completo y piensas en ella, recuerdas su sonrisa y el olor de su pelo hasta que te das asco a ti mismo por lo jodidamente baboso que te estás volviendo, recapacitas…entonces en un momento de presunta lucidez te da por pensar que quizá no deberías perder el tiempo pensando en ella.

Sales por la mañana de casa, desayunas, vas a pagar y te das cuenta de que una larga melena de ese color que tu llamarías castaño pero ella llama cobrizo está justo dos mesas más atrás, y de nuevo recapacitas…en otro gran momento de lucidez piensas que quizá hagas lo que hagas siempre vas a volverte un poco loco al ver esa melena.

-Yo tengo una vida, tengo una familia, unos amigos, tengo aficciones y sueños- repites una y otra vez en tu cabeza incesantemente aún sabiendo que te estás enamorando y que todo tu mundo va a cambiar y que nada podrá deshacer ahora ese cambio- ¿De verdad ella? ¿De verdad ahora?- Sí amigo, sí, tú no lo elegiste pero sí, ella y ahora. Circunstancias muchas, tanto las tuyas como las suyas, las que llevan a un pobre chaval como tú a enloquecer por lo que nunca pensaste que enloquecerías.
En el colegio eras normal, jugabas al fútbol, sacabas buenas notas, merendabas sandwiches de nocilla. En el instituto bebías cerveza, fumabas porros, te masturbabas una o dos veces al día, vamos, lo normal. En la universidad sales de viaje, tienes un grupo de música y te gusta ver la fórmula uno con tu padre.
Pues todo eso ahora no importa, no es más que la trivialidad de la que eres esclavo y te ha llevado ante la chica que nunca imaginaste pero que ahora existe, y está ahí, amiga de un amigo que conociste por otro amigo, ese con el que de pequeño jugabas al fútbol, con el que de adolescente bebías cerveza y con el que de jóven te vas de viaje. Todas esas bobadas que para tí jamás tuvieron sentido ahora lo tiene y con nombre y apellidos.

El amor.

El amor, oh que bonita palabra, palabra que sólo escuchabas en las películas y en las canciones de ese asqueroso grupo de pop que tanto odias. Amor. ¿Era eso amor? ¿Es amor entonces saber cual es su canción favorita, su color favorito, sus zapatos favoritos, su escritor favorito y hacerte pajas pensando en ella? ¿Es eso lo que llaman amor? ¿Qué cada estúpida e insignificante cosa de ésta tu miserable vida te recuerde a ella? Puede…

Entonces pagas ese desayuno, vas dos mesas más atrás y te sientas con ella, y antes de decir la primera palabra ya te has fijado en sus ojos, sus manos, sus dientes y en sus tetas.

-Ey hola ¡Cuanto tiempo!
-Vaya vaya ¡Qué bien te veo¡ ¿Qué tal? ¿Qué haces por aquí?
-Estaba desayundo te he visto y me he dicho, tiengo que saludarla. Venga va te invito a un café.
-No no, no importa, si mi novio está al caer, que hoy hacemos dos años y me va a invitar él.
- …
-¿Estás bien? ¿Te pasa algo? … ¿Hola?


El amor.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Bilis

A pesar del cansancio y el sueño que ahora mismo acumulo tengo la necesidad de volver por aquí, pues demasiado tiempo la bestia ha permanecido en el letargo. Demasiado, sí, demasiado he aguantado rodeado de la muchedumbre vacía, siendo testigo del poder de manipulación al que somos sometidos y de la capacidad del ser humano para autodestruirse.
Observo como la ignorancia deja paso a la osadía, cosa en sí misma irrisoria y que cuando se materializa rechina y da vergüenza ajena.
¿De quién es la culpa? ¿Del sistema? Sí, es indudable que existe mucha culpa del sistema, del país, de nuestros antepasados…pero existe un porcentaje también elevado donde actúa la propia persona. ¿Es lícito entonces ir por la vida pensándose la reina del cotarro cuando en realidad eres una cría casposa? Para ellos sí, puesto que en el reino de los ciegos el tuerto es el rey.
La gente, con todo esto y más, se preguntará por que soy justamente yo el que comenta esto, cuando también podría ser uno más de la manada de ovejas marcadas y numeradas que ve la vida pasar. Pues no lo soy por una sencilla razón: Porque tengo el poder de decidir por mí mismo como ser y comportarme, sin dejar que agentes externos actúen en mí como hacen con el resto (generalizando, claro).
Es una pena entonces que no pueda liarme a dar guantazos a todos esos parcos en principios y seguidores de la moda, a todos esos que por la aceptación común se suben al carro. Además hay gente que soltará la premisa de que la edad se nota, que cuando uno crece comienza a pensar por sí mismo…chorradas y más chorradas, yo con diecisiete años ya me había creado a mí mismo, por eso escribo y por eso narro, y por eso y no por otras razones de MIERDA como las vuestras estoy aquí, por ser mejor cada día y superarme y superaros, ser un ejemplo y no un líder (bastante tengo con mis conflictos internos y de principios) y joder, que no puedo decirlo más claro, no te pueden soltar en las llanuras de Castilla y creerte un Terrence Malick proviniendo de una aldea y habiendo malvivido después en un burgo de snobs sin abuela. Pongo este ejemplo como el más claro al que he estado “sometido”.

Ahora leo todo lo anterior y pienso: Guau, que cojones tengo de soltar tanta bilis con esta cara, si no soy nadie. Cierto, no soy nadie, pero no tengo que demostrar nada que no haya demostrado ya, y la gente que me conoce lo sabe y los que aún no, lo sabrán, porque igual que yo os cazo rápido a mí se me caza aún más rápido.
Puede que todo esto provenga del sueño, del tardío efecto del alcohol y de mi odio a la deshumanización y al conformismo del hombre, pero ¿y qué?


No todo es así (de bilioso) en mi universo, también hay valores únicos que he vuelto a ver. He visto el talento, he visto el sacrificio y he recordado muchos otros aspectos que ciertas personas jamás rozarán ni aunque les toque la lotería. He aprendido además que a mi tiempo no se le puede poner valor numérico, y que la inspiración puede residir a partes iguales en el amor y en el odio.
Y creo que no tardaré en volver a escribir aquí  puesto que estoy más en forma que nunca. Además, hay mucho tonto ahí fuera queriendo recibir su dosis de realidad.





I got my eyes on you

domingo, 13 de octubre de 2013

Crear desde cero.

Desde los comienzos de la sociedad moderna y a través de los distintos medios manejables, nos han inculcado unos valores predeterminados y escogidos por los cuatro gatos más listos de la época. Unos valores que a priori son los correctos, pero que según mi humilde punto de vista no lo son.
Es decir, hablando de ejemplos estúpidos, al ser humano se le ha dicho desde siempre que haga 5 comidas al día, que no beba, que duerma lo suficiente, que sea amable y que se comporte en público. Bueno, y si realmente eso es lo que se nos ha inculcado pero no es lo mejor? No hay nadie que se haya planteado realmente todo eso? Sé que es difícil crear juicios de valor desde la nada, pues siempre se crearán a partir de las influencias externas, pero porque no ser creador uno mismo? Otro ejemplo estúpido, imaginemos que invento una máquina que da masajes en los pies, y consigo sacar una noticia por la televisión que dice que hay que darse tres masajes en los pies todos los días, porque lo dicen este, este y este, y además Ana Obregón ya se lo ha comprado. Total, que yo me forro y la sociedad entra en un bucle estúpido de cotidianidad con la puta máquina esa que da masajes. Es o no es sencillo controlar al ser humano? Somos o no somos manipulables? Están los monos por encima de nosotros y nosotros a la altura del betún?

Sí, lo sé, son ejemplos carentes de racionalidad, pero quería exponerlo de la manera más sencilla posible. Yo al igual que todos soy un esclavo más de esto, ya que si dicen que el chocolate tiene muchas calorías y estas son malas yo tomaré poco chocolate.

Puede uno crearse a sí mismo, tal y como a él le parezca mejor, sin influencias externas de modas, tendencias, valores humanos, valores moral y éticos establecidos? No digo de alguien que reniegue de la especie humana y que viva alejado de los demás, sino alguien hecho a sí mismo, que pueda escoger sus gustos y su rutina según lo que más felicidad le pueda brindar.

Yo como cuando tengo hambre, duermo cuando tengo sueño, escribo cuando no puedo más y me enamoro cuando mi corazón ha cubierto el cupo de soledad. Reacciono de manera natural y no forzada a los sentimientos y deseos que vienen a mí, no rechazo los estímulos naturales que vienen desde el exterior, escucho la música que me apetece según mi estado de ánimo sin atender a modas y me bajo a jugar a la cancha cuando tengo tanto mono que no puedo parar de pensar en ello.
Eso, son impulsos, generados a su vez por necesidades, las cuales pueden ser manipuladas pero, que yo intento que no lo sean, creando un ser en mi interior capaz de sobrepasar la línea entre lo racional y lo irracional, entre lo moral y lo inmoral.

No pretendo destacar, pretendo vivir a gusto y en armonía, por eso ciertas personas se vean atacadas por mi estilo de vida entendiendo que desafío a la sociedad pretendiendo destacar. No, no quiero destacar, hago lo que me hace feliz y aun así bastante me controlo de cara al público, ya que, en mi propia mente, la cantidad de ideas y locuras que surgen son incontables. Hay cosas que jamás sabrá nadie y cosas que jamás sabré, y para eso estamos aquí, para descubrir los misterios de la sociedad y todas esas cosas que jamás deberían de saberse.

Aprovecho para destacar que empiezo a echar raíces en sitios distintos a los de antes con gente distinta a la de antes, ya está borrado el anterior capítulo y sólo sobreviven en mi memoria los que merecen un hueco en ella.


El panadero.

martes, 6 de agosto de 2013

Días de perros, noches de gatos.

No escribo nada que me pueda valer últimamente, no tengo ganas ni razones, veo el tiempo pasar y el suelo arder en verano. Nada me motiva de nuevo salvo la carrera que llevo siguiendo desde mi último renacer, y aquí sigo, observando todo y contando lo que mi mente me permite.

Pasan los días, escucho música, sueño e intento plasmarlo pero no puedo, llevo una decena de días ya desocupado y el calor me absorbe la energía. Paso los días doliéndome de algo que no me pertenece y por las noches intento hacer algo de justicia.

Hasta aquí todo normal, como todos los veranos, los cuales odio y a los que me he “bienacostumbrado”, pues los últimos dos dejaron mucho que desear. Ahora miro atrás, y hace sólo dos años no tenía futuro, y ahora me he comprometido a cuatro años más, para estar aquí y seguir aprendiendo por amor al arte, porque soy un masoquista empedernido del corazón, de la mente y de los callos de mi manos y pies.

Y menos atado que nunca tomé esa decisión, sigo creciendo a pasos agigantados y mientras todo dependa de mí, no pienso dejar que pase ninguna oportunidad, y esta, la he atrapado a la primera. Mi vida es lo que pasa entre lección y lección, entre amor y amor, entre polvo y polvo, entre sueño y sueño.

Ahora que me queda? Nada, esperar a que las cosas vengan, salvo que termine harto como ahora y tenga que salir ahí fuera a ganarme el pan de una forma u otra, rozando la ilegalidad, en la vida real y en mi cabeza, mintiéndome y escribiendo esto como si no tuviera otra cosa que hacer, pues aporreo el teclado y todo me sale solo, como un grito en la oscuridad de la noche.

Más de un mes por delante para todas esas cosas que pensé hacer, ahora sí, será mi mejor verano en tres años y mi mejor otoño en otros tantos, conseguiré la ventaja que la enfermedad y el pelo largo me quitaron.

Y es que aún sin sentido, todo se destruye a mi alrededor para volver a construirse, levanto castillos desde las cenizas de los anteriores, no bajo el listón, sigo casi al día todo lo que puedo, y no permito que nada ni nadie cambie el fondo de mi ser.

Y como ya dije, miles de palabras hay antes de estas que no me han servido en un mes, y si esto me sirve ahora es por la rabia que me infunde el escribir, porque eso y mis miedos son el combustible de esta mierda que sale sola.

Ahora es el momento, y dentro de otros dos años seguiré siendo mejor y mejor, por eso cada día puedo decirme a mí mismo que soy mejor de lo que nunca he sido.

No cambio, o mejoro o empeoro, y para ti y para muchos será una cosa, pero para otros será otra. Para mi…lo tengo muy claro, me conozco, y reconozco mis errores y me desangro por ellos, pero que nadie me diga ahora que no soy mejor que hace tanto años era, un crío sin ambición y sin aspiraciones, ignorante. Ahora no puedo evitar asomar la cabeza por encima de la valla aunque detrás de esta esté el peor infierno concebido y por concebir.
(…)


La vida.

domingo, 23 de junio de 2013

Puesta a punto y prueba de fuego.

El desbarajuste de calendario, de horario, de emociones, de sentimientos. Bienvenidos sean a la fábrica de sueños. El verano.

Antes de eso, unos meses de descanso, o más bien, de repentino y continuo movimiento, que generaba en mi tal sensación que llegaba a eso, al descanso. Mi cuerpo necesita de la acción constante y de las prisas de esta ciudad para estar al 100%, pero, he decidido después de esto tomarme un descanso real, necesito recapacitar este año de buena manera.
En estos meses previos al calor agobiante de Madrid he aprendido a escuchar, a mirar y a comprender ciertas normas. La primera, es que aunque me duela, existen unas leyes morales no escritas que hay que respetar. Hay gente delante de la cámara que se expone a muchas cosas, no hablemos de los que estamos detrás de ellas.
He tenido mil tutores, muchas personas detrás de mí con ganas de intercambiar conocimientos, y he de reconocer, que ha sido de lo más valioso de mi vida.
De Galicia a Pamplona, pasando por País Vasco, dándose una vuelta por las castillas hasta llegar a Madrid. No hablemos del resto de España…
Cantidad de historias, una de cada lado, una de cada mente y ojos. Ilusiones y sueños, algunas veces frustración, pero mucho arte, mucho conocimiento y mucha vida por parte de un equipo excepcional de personas.
Encontraban interesante cualquier cosa de la misma existencia, buen gusto por todo.

Y yo, como una esponja, intentaré llevar a cabo tan valiosa información para llegar a ser el mejor. Por eso, y por ellos, porque me han enseñado los mejores y se merecen que yo lo sea. Ahora sé dónde poner el ojo, donde poner la mano, pero sobretodo, donde ponerme, y así poder dejar mi huella. Jamás desaprovecharé de nuevo una oportunidad así ni haré oídos sordos a nada con cierto valor.

Cada vez estoy más y más dentro, ya va a ser imposible salir, y cada vez lo disfruto más, cada vez tengo más hambre y cada vez recupero más mi frialdad, esa que había perdido meses atrás, aquí estaba.

La segunda lección que he aprendido es que sin iniciativa, lo único que puedes tener para salir adelante es dinero o una familia influyente. Lo siento, pero el nombre a esta familia se lo estoy poniendo yo ahora, y no hablemos del dinero.
Por eso, o eres un pillo, o nada. Otros lo confunden con ser un cara dura, pero no es lo mismo. Que este país esté lleno de ellos no significa que los que no lo sean, sean tontos, pero tampoco significa que todos los demás que luchamos por nuestro futuro lo seamos.
Y sí, existe una crisis de valores increíble. Hay un caos enorme, tanto que a veces dudo si soy yo el loco o es al revés, si soy yo el malo o es al revés…

Y la tercera, ha sido que no puedo depender de los demás para forjar mi camino. Vaya donde vaya no voy a dejar nada escrito. Salvo por una razón con nombre propio. Sí, siempre hay una razón con nombre propio, para debilidad del guerrero, para lo que sea.

Ya que este guerrero cumple con lo acordado y con lo se debe a sí mismo, el código sigue intacto y no ha temblado en 1 año y no lo va a hacer, pues está todo encauzado, y como ya dije, ha vuelto la frialdad.



Que le jodan al mañana y a esta ciudad.

lunes, 29 de abril de 2013

Yo no. Ella si. Tú también.


Mi vida ha cambiado.
Si cada otoño el árbol empieza a perder todas sus hojas, en primavera comienza a florecer, y así lleva pasando ya un tiempo.
El yugo ha cedido con la presión, ha terminado de romperse la cuerda para así no volver durante un tiempo. Ahora soy libre, pero anclado de nuevo a otro destino. Más puro, más real.
Mis metáforas y símiles siguen siendo los mismos, pero cobran cada día más sentido, al ver sus caras y al compararlas con la mía, mustia, pero real, que por dentro está exultante de demostrar de lo que es capaz.
Ya no convivo con el miedo, con tu miedo, ya no. Ahora convivo con una mayor frescura y una menor responsabilidad. Puedo ser yo mismo, no controlar mi impulso de destrozar todo lo que conozco a base de palabras y sermones semivacíos.
Ahora arranco de mi alrededor todo para formarlo en mi mente y soltarlo impunemente sin que me importe absolutamente una mierda lo que dicen o dirán o pensaran o piensan.
No, no soy como ellos, jamás lo fui, salvo el canon, disfraz antes los ojos vagos e ignorantes que no supieron mirar más allá. Ellas lo saben, no sólo lo supieron si no que lo saben. Saben, de lo que soy capaz.
Mi boca es de gatillo fácil, lo saben, pero de palabras firmes, siempre, que no me van las medias tintas ni las gamas de grises rasgados, que lo mío es blanco o negro y que rara vez me dejo caer si no es para recoger lo sembrado.
Ya no entiendo de creencias, de seres astrales, no entiendo, jamás. Burlo e ignoro por completo ese mundo. Siento la preocupación de los míos al pensarme loco, al no verme acorde a esta sociedad, pero a sabiendas de que si en verdad quisieran mi cuerpo ya se lo habrían llevado. Mi cuerpo, con esta mente retorcida para bienes y no tan bienes del prójimo o vete tú a saber quién.
Que ni en la madrugada, compañera de mil batallas, sigo sin saber que escribo, pues me invade este ritmo, me posee el profundo yo, ese que sólo tú y tú conocéis, y que ni mi sangre conoce, y que ni mi carne conoce salvo por las cicatrices visibles.
En el estado del duermevela vivo hasta terminar de florecer, incubando mis colores y mis lenguajes, que la oportunidad ya está cerca y es cuando explotaré en arte. Del arte nazco y en arte me convertiré, por gracia de ningún dios y por desgracia para él.
Pienso pues, este no es mi mundo, esto no es mi lugar, es una mera ilusión del mero azar, congelado en el tiempo sin más, sólo deseo hacer perdurar mi nombre en la eternidad, ya sea en un suelo una pared, unos ojos una piel, que ya lo hice pero quiero seguir demostrando lo que puedo llegar a ser en una vida.
Y ya divago, sin sentido ni rumbo, pero más firme que nunca hacía la salvación, hacía esos pequeños detalles soñados. El calor de un hogar más cercano que nunca dentro de mí, sabiendo que soy quien creo ser, pues si me equivoco ya es demasiado tarde como para dar vuelta atrás, y voy a muerte, como siempre a muerte.
Que no se acabe, que no decaiga, viviré en una eterna noche de la cual soy hijo y esclavo, a la cual sirvo para hacer llegar al mundo todo esto, y a la cual demuestro el lado más oscura del ser humano, y el más sincero de una persona, capaz de lo mejor y de lo peor, retratada en letras, aprendidas únicamente en el asfalto y no en ninguna clase.
No sería yo ni lo soy cuando me contradigo, cuando no escalo por que no llego a nada y me mantengo en un mismo plano. No es mi estilo, salvo el jugar con las posibilidades que se me brindan. Adiós, adiós que ha cambiado mi vida. Adiós.

MSBWY

miércoles, 13 de marzo de 2013

Me escapo. Me encuentro.


Nevaba, de tal manera que todo aquello parecía más bello que en la misma realidad.
Era una nieve fina, mansa, ligera. Golpeaba el cuerpo de la gente y del metal acariciándolo, era completamente inofensiva.
Un aire aterciopelado rascaba nuestras caras, nos hacía parpadear de vez en cuando, también por culpa de los chorros de luz que a veces se desprendían de entre los ladrillos.

Me sentía una mísera parte del todo que me rodeaba, no era nada, un pequeño ser en un mundo de gigantes de hierro, como si de un Quijote cargando contra molinos se tratase.
Perdido en una ilusión, o quizá, por el contrario, mucho más encontrado en uno mismo que nunca, aunque anduviera por un asfalto que no era el de mi barrio.

A veces cerraba los ojos, no por falta de fe en todo ello, sino para respirar hondo el frío del lugar, y sentir realmente que todo aquello pasaba, que tocaba un sueño, que todas esas ilusiones de crío llegaban a un punto de no retorno en mis recuerdos.

Continué caminando plácido, huyendo del humo, de las luces, escondiéndome entre callejones que jamás había visto pero que parecían cercanos a mi rutina mañanera.
Era uno más, viviendo y no haciendo otra cosa que no fuera aprovechar cada momento.

El auge de la cultura, la ebullición del hombre, adornado de luces, de olor a comida en cada esquina, y de un espíritu que no había encontrado en mi ciudad.
Me perdía en los escaparates, en las piedras pintadas del asfalto, en el reflejo de todos esos cristales, y no era capaz de valorar todo lo que podía concentrarse allí.

No tenía prisa, esa noche no, esa noche era mía e iba a ser la mayor concentración de experiencias para mi cerebro, ávido de sensaciones este.
Pisaba firme, entre calles y letreros, entre teatros y salas, entre carteles y publicidad. Todo centímetro estaba iluminado por la concentración que había en el ambiente, salvo las callejuelas adyacentes a todo aquello.

Mi nariz ya estaba áspera, pero no importaba. Mis orejas también lo estaban, pero aún mis oídos escuchaban todos los acentos, excluía todos los cláxones y se dedicaba a crear una dulce música que me distraía de todo. Estaba vivo, esta vez sí, lo estaba!

Prometí no pensar en mi tormento, por eso estaba allí, para liberarme de él y pensar en mí, para por una vez darme lo que yo mismo merecía. El choque de mis principios, de mis leyes no escritas, me había llevado al lugar de la catarsis y el sumun. Buscando la libertad por culpa de una cárcel con nombre propio, la cual yo mismo había construido y ayudado a crear, sostenida aún en ruinas que se caían a pedazos.

Ese era yo, encontrando una respuesta en el aire, lejos de casa, lejos de todo, lejos de mi ruina…ese era yo intentando recuperar el control de mi vida, cumpliendo un sueño que es más que eso, reafirmando mi forma de vida.

Suspiré de nuevo, abrí los ojos, estaba de nuevo en mi cama, pero esta vez había sido todo  real. Ya podía morir, mi tormento estaba casi drenado, goteando sus resquicios, y ese aire ya inundaba mi pecho y no se iba a ir de ahí. Jamás.


MAD to NY.

jueves, 7 de marzo de 2013

Cien.


Lo he tenido y lo tengo todo, pero quiero más, necesito más. Tras sueños y pesadillas he alcanzado el nivel óptimo que hace unos años no pensaba, he rozado el equilibrio y ahora coqueteo con él, tras haber vivido intensamente y sin arrepentimiento estos últimos tiempos.

Soy todo aquello que he vivido, todo aquello en lo que creo, y lo reflejo de buena manera aquí o en otras partes, haciendo ahora del arte una forma de vida, pues sin él, mi mente entraría en el conflicto del que huyo, creando una simbiosis que nos aporta a ambos un plus.

Afilo día a día mi arma con sólo respirar, con sólo mirar y vivir, limando las asperezas de errores pasados, y perdiendo entre letras los borrones que me hicieron dudar, los intentos de perdición, hasta que llega el punto donde ni la más aguda nota pueda estropear esta dulce melodía que vivo en mis días. Firmaba algo así sin pensarlo, acomodado entre mis sueños y mis placeres, haciendo de la nada un imperio de ideas, y de estas poder conquistar los palacios que ni yo puedo construir.

Y como conocedor de mi propia sabiduría, como manifiesto entendedor de mi nula moral, es para mí una obligación de principios seguir adelante, y no dudar ni parar a pensar más de la cuenta. Caminaré las mismas calles esté donde esté, pensaré lo mismo tenga a quién tenga. Mi corazón permanece intacto como el último guerrero se mantiene en pie frente a la constante lucha contra las emociones. A pesar de las gotas de lluvia rozando el cristal ahí fuera, me siento lleno de ganas, y libre, sobretodo libre salvo por los tormentos que me empujan incluso a seguir.

Mientras unos busquen la fórmula del éxito, yo seguiré buscando la de la felicidad, la cual me llevará al presunto éxito, el cual no se mide igual para uno que para otros.

No le temo a la muerte, mi legado está en los lugares que debería, y por ello la pasión cedida a cada instante aumenta considerablemente, buscando seguir luchando por mí, por los míos, por una conciencia pura y real, por unos valores que no todos entienden. Quiero a mi vida, pero no temo el perderla si no ha sido en vano llegar hasta aquí, y desde luego que no lo es, no con esta sangre ardiendo en mi cuerpo.

Y es que son ya cien textos aquí recogidos, unos desde muy dentro y otros no tanto, pero son pedazos de un storytelling en prácticas, de uno que intenta ser la esponja del todo, que pretende crear para los demás lo mismo que crea para sí, aunque haya momentos mejor guardados que por aquí.

Sólo siento orgullo de lo que me rodea, de cómo hemos salido adelante y de cómo seguimos. A mi dejadme que seguiré escribiendo sin ponerme límites, y escribiré lo que sea y como sea, siempre que me sirva y signifique algo.



Fuimos, somos y seremos. Por siempre.



Cien

lunes, 28 de enero de 2013

Náufrago (II)

Día … … del mes … … del año 2013.

Página 2 del diario de a bordo de Álvaro Jarabo Fernández, capitán al mando del navío con nombre “Soberbia”.


Creo que por una miserable vez en mi vida pensé dos veces antes de actuar, y cuando cría que ya había apretado el gatillo, empecé a añorar todo aquello tan insignificante como para merecer más mi vida que mi muerte.
Mis sentidos estaban confundidos, pero no eras más que un recuerdo, un espejismo entre la espuma del mar. Me hiciste sentir libre, luego preso y ahora simplemente eres una cicatriz más ardiendo en mi interior, ceniza mojada que no vale nada.
Cogí fuerzas, más de las que muchas veces había sentido, quería vivir, quería volver y sentía que podía hacerlo.
El ver gaviotas sobrevolar mi cabeza me daba esperanza, y me sostenía una fe inquietante.
Me propuse pues nadar, buscar materiales y volver a la civilización, aunque fuera solo, porque quería volver a pisar tierra firme y darle sentido a mi vida.
Y no negaré mi curiosidad por saber la cara que tendrán todos aquellos que me quisieron ver muerto y fallaron en su propósito.
Estaba perdido en un mar, pero tan sólo metafóricamente, esto solo era un bache más en mi camino, todavía podía retomar mis pasos sobre él, nunca mi tiempo fue en vano.
Desde luego había otras muchas cosas que dolían más que estar aquí perdido y enjaulado entre muros invisibles, siendo el mar mi amo y yo un crudo esclavo, pero no más esclavo que tuyo en mi mente.
Las pesadillas que provocabas apenas enturbian mis noches por fin aprendí a absorber mi rabia y mi ira, metabolizándola en esperanza.
Mi honor seguía intacto y mis principios perennes, así que no sería yo el primero en morir en esta cala, en este asqueroso y húmedo pedazo de tierra.


Pasaron semanas, y con restos del navío flotantes, pedazos de árbol y lo que quedaba de mi baúl conseguí al menos una estructura capaz de aguantar mi peso en el mar.
Empezaba a tener miedo por lo que pudiera pasar, pero es evidente que iba a estar peor observando mi propia muerte en una roca rodeada de agua.
Mañana partiría, a donde me llevase la corriente, fuese el mar que fuese juraría a cualquier que estaba seguro que iba a volver de nuevo a tierra.

De nuevo caía el sol, pensaba mis últimos versos en ese islote y ya estaba deseando que amaneciera por mucho miedo que tuviese, porque a pesar de todo estaba alerta.

Volvía a renacer, cómo ya hice en mi pasado cuando te deje marchar, cómo cuando desafié a la muerte, cómo cuando tuve que despedir a mi familia. Regresaba a casa, y estaba listo para cualquier cosa después de todo lo que había conseguido superar.

Este náufrago ya es inmortal…

FIN

Born Again.

lunes, 21 de enero de 2013

Náufrago.

Día … … del mes … … del año 2013.

Diario de a bordo de Álvaro Jarabo Fernández, capitán al mando del navío con nombre “Soberbia”.


Ignoro cuantos días llevo ya anclado, quizá sean semanas o meses en este peñón, perdido de la mano de dios si es que este existe.
Perdí el control de mi navío tras encontrarme con una borrasca, la cual me dirigió a un mar a priori conocido, pero que a medida que me consumía, deduje que era por completo un extraño para mí.
Luché contra la marea, intenté remontar los vientos y las fuertes olas, pero el mástil se partió y tuve que abandonar el barco por peligro de hundimiento. Tomé un bote salvavidas y perdí el conocimiento. A la mañana siguiente me encontraba semidesnudo y sin prácticamente nada, en un pequeño peñón no más grande que el suelo de un par de casas.
Lo había perdido todo.
Me alimentaba de latas de conserva, de asquerosos peces espinosos y rara vez de moluscos.
Estaba claro que iba a morir ahí, ya no tenía ninguna esperanza de volver a ver a ningún humano, y por ello tampoco a ninguno de mis seres queridos.
Pasaba los días lanzando rocas al mar, cazando, escribiendo y pensando, volviéndome cada día más y más loco.
No podía evitar darle vueltas a todo aquello que había dejado pasar y no podía evitar arrepentirme de tantas cosas que ni yo mismo sé si mi vida era puro arrepentimiento.
Añoraba pisar tierra firme, añoraba dormir en una cama, añoraba comer algo decente, pero sobretodo echaba de menos su voz en mi oído, sus ojos...su olor.
Alguna vez pensé recordar su olor en mi camisa, lo poco que tenía aparte de un calcetín, mis calzones y algunas mantas húmedas.
Me iba a llevar ese olor a la tumba, y me iba a llevar también tantos versos y prosas como hubiera sido capaz de escribir en vida en mi escritorio.
Ahora me arrepiento de todo mi tiempo perdido, de todos los pasos atrás que di y de todas las veces que he pensado demasiado las cosas, porque, de lo contrario, pensando todo mucho menos quizá no estaría aquí, o tendría una esposa y unos hijos a los que mantener.

Pasaron los días, y en la lejanía a medida que pasaba uno de esos nublados días, al atardecer, un cofre flotaba a la deriva. Cuando quería darme cuenta ya estaba nadando hacía él como si fuera a morir hoy mismo.
Lo recordaba, era el baúl donde mi padre guardaba su preciada pistola. Sólo 2 balas, una de oro y otra de plata.


Durante un instante pensé, medité, vi cruzar el mar ante mis ojos y por última vez creí recordar su olor. No quería seguir viviendo de un espejismo, iba a morir para empezar a vivir.
FIN

Náufrago.