Para todos aquellos hartos de novelitas crepusculares

lunes, 20 de agosto de 2012

Microclima ( I )

Dudaba, pero en el fondo no podía engañarse, y sabía que ante el peligro no podía negar la evidencia que quizá su cara podía ocultar. Intentaba creer su mentira y aceptar que todo seguía igual y que podría con todo, pero que va, de un momento a otro explotaría, sobretodo si sabía tocarle donde más le duele.

Paraba en los semáforos y seguía dándole vueltas. Cada vez estaba más cerca y también menos seguro de todo. Se decía a si mismo que podría con esto, que estaba de sobra preparado para algo así y que era una buena oportunidad para centrarse y seguir adelante. Aún se acordaba por ello de todo lo que se debía, y de lo que le debía a su familia y a esos cuatro gatos de siempre. Se intentaba meter en su papel, en el que debía de seguir, pero no solía hacer nada que no fuera realmente ser él.

Avanzaba por la ciudad, y ya sólo un par de calles le separaban de su destino. El olor nauseabundo le revolvía el estómago así como los nervios, mientras que el sudor le daba escalofríos. Aceleró y subió el volumen de la música.

Vaya...otra vez esa canción. Le sorprendía y no sabía por qué, puesto que solía guardarla para este tipo de momentos. Le hizo volver a pensar, si realmente era él el raro o estaríamos todos igual en su situación, odiando a rabiar los momentos solo, pudiendo sólo sobrevivir con la mente ocupada. Que pena que ahora mismo ocupara su mente una sola cosa, la cual realmente no sabía que era, aunque como ya dije, se engañaba a si mismo, como nos engañariamos todos en su situacion intentando quitarle hierro al asunto. Lo más sincero y real que podía decir de este momento es que se encontraba bastante cogido por los cojones, hablando en plata.

Finalmente llegó, apagó la música y después de respirar hondo salió del coche. Sabía perfectamente donde iba, lo que me hacía pensar que no era la primera vez que rondaba esa asquerosa calle, llena de gatos enfermos y de soportales sucios por la humedad.

Cual fue su sorpresa cuando vió que la puerta del portal a la que se dirigía se abría...apareció pues el motivo de haber llegado hasta ese escondrijo de la ciudad.

Lo único que pudo murmurar fue:
- Ahora, después de tanto tiempo, es cuando entiendo por qué me he metido en este lio...



(Esta entrada comienza como una posible saga para probarme a mi mismo, por lo tanto no firmaré con pseudónimo)

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