Para todos aquellos hartos de novelitas crepusculares

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Trono helado.

Contaba la historia, o al menos eso contaban los contados testigos, que no era como las demás, un tópico que se daba muy a menudo y que rara vez podía dar la razón al sujeto.
Era difícil, daba miedo, pocos se acercaban ya que no se regía por ninguna ley, no le importaba lo mas mínimo como iban a ser con ella, pues iba a despacharlos por cualquier detalle que no le gustara.
Yo la veía de lejos, intentaba encontrar sus puntos débiles, intentaba conocerla desde la distancia siempre, y no, no era como las demás, pero tampoco era un monstruo, su reputación no eran mas que cuentos de despecho.
No eran más que historias que la hacían cruel sin saber la realidad, congelaban la sangre, no se si tanto como la tenia de congelada ella.

Hasta que nuestros caminos se cruzaron en el tiempo…
Y pude comprenderla, ella me habló de su experiencia vital.
No es que fuera exigente, no es que hiciera todo esto por mero placer, ojalá, simplemente no sabía lo que era sentir, no sabía lo que era la pasión pues nadie mereció de ella nada, sin ser egocéntrica, verdaderamente nadie lo mereció, los pretendientes no fueron los más indicados y ella resignada a la mala suerte se volvió fría.
Una ciudad tan grande, un sentimiento tan pequeño, una reina de hielo capaz de mostrarme que realmente no lo es, y yo perdido entre dos mares sin saber que hacer.
No estaba dispuesto a confundirme esta vez, solo quería ayudarla, pero desde luego no venía con los planes de sentirme así.
La reina de hielo enganchaba desde un punto de vista quimérico y distinto al que podían engancharme otras.
Pero…ella recuperaba su confianza y su ser gracias a mí. La ayudaba, y me compensaba con largos instantes a su lado, compartiendo, mirando, riendo…acariciando.

Que debía hacer, no lo se, seguramente seguir ayudándola, yo era como un libro abierto para ella sin ni siquiera dudar de mi y sin tener reservas, confiaba sin más, y ella en mi nublaba un pasado espinoso.

No me iba a separar de ella, pagaría el precio del sufrimiento pero no iba a permitir que a mi mayor inversión espiritual se la llevaran sin más por un malentendido.
No se muy bien si en mi cabeza, en mi corazón, o en el destino mismo.

Mi reina de hielo las mataba callando, orgullosa después de encontrar sus miedos, se mostraba como un alter-ego, y yo al encontrar su verdadera forma, desistí y la dejé marchar.
Era mía, pero no de la manera que en un principio pensaba, simplemente, era y hoy mismo es, para mí una fuente de superación y trabajo…una bestia.

Es una joya sin pulir, un diamante en bruto, un día aprenderá a amar y a sentir más allá sin importar el por que, entonces entenderá de que la hablé un día.

Dama de hielo, no sufras, te entiendo, eres fuerte y eres tú, con eso basta.





A.Jota. a.k.a. Heartless

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