Para todos aquellos hartos de novelitas crepusculares

sábado, 19 de marzo de 2011

Tu, yo y Madrid.

Terminaba la noche en la capital, al fondo del paisaje el azul del cielo comenzaba a llevarse las pocas estrellas que podían verse.
Amanecía lentamente junto con algo de frío y teníamos que volver a casa, como de costumbre andamos un rato y bajamos al metro.
La gente se amontonaba para resguardarse de las bajas temperaturas en los bancos del andén, trabajadores, jóvenes, personajes de la ciudad muy peculiares que entablaban conversación con cualquiera.
No te alejabas de mí, hablábamos de varios temas y de nuestras preocupaciones hasta que pudimos bajar al andén, aunque sin poder mirarte a los ojos…
Te sentía cerca, notaba un aura de confianza que rara vez pude notar hacia mi, y eso fue reconfortante, incluso para ti, pues me brindabas una sonrisa o un pequeño gesto camuflado por el sueño que comenzábamos a tener.
Llegó el metro…nos sentamos en frente el uno del otro, al principio alejados tras varias paradas pues la aglomeración nos lo impedía, aunque a veces me dedicabas una mirada.
Cuando pude sentarme a tu lado caíste rendida por el sueño sobre mí, y mas tarde entre mis brazos.
Mi cuerpo entonces sintió una sensación distinta, como si de mi dependiera tu cuidado, necesitando saber que a mi lado estabas a gusto.
No pude evitar recordar muchas cosas, canciones, olores, momentos…ni tampoco pude evitar darte un beso pues aunque dormida me lo pedías a gritos.
Estabas igual de preciosa que siempre…y tan indefensa que era impensable tener que dejarte en el vagón cuando tuviera que subir a mi casa.
Esa vuelta al barrio fue demasiado especial para mi…demasiado, pues mis sentimientos casi reparados volvieron ha romperse, volvió ha abrirse esa herida cicatrizada a base de ron añejo y de tinta.
No puedo dejar que a un poeta le afecte tanto esto pues debería ser imparcial ante los sentimientos, pues solo debería guiarse por la musa correspondida.
Madrid es testigo de tantas historias que ya he contado, y de otras tantas que jamás el público sabrá, que merezco una recompensa por ser también un colaborador más en la esencia de estas calles, así como en las mentes de los que me rodean… y de tu mente.
Cuando llegué a mi cama no pude evitar recordar la noche que pasé, esperando que se pudiera volver a repetir, pues aunque ahora no nos una mas que una amistad me haces feliz viéndote disfrutar y sonreír, pagaría con sangre cada una de esas improvisadas sonrisas.

Debe ser que me estoy volviendo loco por un deseo, por una pasión, por algo prohibido que en el fondo no debería estar siendo como es, por algo que mi mente intenta desplazar pero que mi corazón no deja que se mueva.

Espero que sea una de las ultimas veces que haga referencia a este tema…necesito disfrutar de mi y sabes recompensarme por mis últimos duros días, queda poco para la libertad mental……otórgame la esencia que me es debida después de el trabajo bien realizado y borra mis recuerdos para poder continuar adelante.






Larga vida a la cultura de las calles, todavía queda amor ahí fuera.

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